miércoles, 31 de agosto de 2011

Celia Fontán

UN TAXI A BUCAREST




PASAJERAS

Hermana, ayúdame a recordar
las luces en cubierta,
el resplandor del río,
el agua hecha del mismo material de la noche
y el fulgor de los ojos oscuros
de los muchachos que fuman contra las barandillas.
Como un espejismo,
un área dorada que pronto iba a rozarme,
avanzaba hacia mí en silencioso oleaje,
hermana, ayúdame a recordar.


*


CUANDO PASABAN LOS TEROS

Cuando pasaban los teros
y ellos salían a verlos pasar
e imitaban su grito entre los árboles,
el vuelo con los brazos
y medían el aire,
cielo arriba,
como una posesión
y los teros rozaban los tejados
llamándose entre sí,
y tarde,
ya juntos
se alejaban
hacia cielos más puros.


*


LLUVIAS

Llueve,
no dejará de llover
detrás de las rejas
de la cárcel
de alta seguridad
donde
Isaac Babel
espera la muerte.
Y es apenas
un hombre atribulado,
cierto en su pesadumbre,
que no quiere pensar
ni comprender
sino dejarse llevar
por el ruido del agua
hacia el traspatio
de la casa, a la que ahora,
después de mucho tiempo,
se anima a regresar.
Sabe
que va a morir al amanecer
y allí se deja estar,
en ese territorio ahora inviolable,
a salvo de todas las requisas.


*


CONVERSACIÓN

Me dijo
que no era fácil morir
en terapia intensiva,
me dijo que entre sondas
y bajo el centelleo
de los monitores,
más se sentía como un astronauta
en víspera
de iniciar un largo viaje,
que una vieja
en sus últimos días en el mundo.
Pero escuchar llover, me dijo,
escuchar llover o imaginar
la lluvia
detrás del ventanuco de la sala,
eso sí,
la había ayudado.


*


CAÑADÓN DE LOS MUERTOS

(Santa Cruz, 1921)

Los muertos cavan al amanecer
tumbas de lava,
cava la pala
al ras del suelo
la costra helada,
más tarde, el viento
descubrirá los cuerpos
apenas recubiertos
para que los viajeros se santigüen
al pasar,
porque son jóvenes
y no quieren morir,
porque están muertos
y no quieren cavar,
porque no hay,
ni habrá
tierra
más dura de labrar
que este suelo.


*


LA MUJER MÁS VIEJA DEL MUNDO

La mujer más vieja del mundo,
la negra
nacida esclava,
la que padeció castigos,
vejaciones,
el tormento del cepo,
pide cumplir
un último,
un íntimo deseo
emblema de su alma:
ver el mar.
Y allá va
seguida
de un cortejo de hombres jóvenes
que caminan
como en una película muda
por la arena.
La esclava, ahora vieja liberta,
la negra
mínima, agudísima, encorvada,
la mujer más vieja del mundo
llega al mar
y lo oye,
y lo aspira
y sumerge sus negros pies en esa espuma
y ella,
que es en ese instante el universo,
dice:
hasta aquí he llegado.


*


EL AMANECER

El tránsito de la noche hacia el día
fue registrado por la cámara,
(temblorosa, su mano
pulsó el disparador)
y tuvo para siempre, sobre el mar
los destellos
del amanecer.
Ella volvió a esos lugares
otro verano,
su cabellera de niña rubia hilaba el sol,
quería saber
cómo pudo captar toda la luz,
justamente ese día
en que el amor comenzaba a apagarse.


*


EL GALPÓN

Entre herramientas
y trastos deshechos
mirar el mundo por última vez.
Muda arrogancia
de los desesperados.
Solía pasar frente a mi casa
y saludarme con un gesto vago,
pasó seguramente aquella tarde,
antes de encerrarse en el galpón.


*


BARCOS EN LA NOCHE

A Antonio Di Benedetto

No puedo ver
los barcos en la noche,
es un llamado salvaje,
un alarido,
verlos levitar
sobre lo oscuro.
No hay cielo, ni agua,
ni sostén,
sólo el olor del río,
las luces que avanzan
mientras llaman.
¿Oyes, Zama?
¿quién vendrá por ti?
¿quién vendrá por mí?


*


EL NEVA

Haber visto el río Neva,
no les sirvió de nada,
igual sus almas se perdieron.
Eran días de furia,
por las calles
se gritaban nombres de inocentes.
Y nada, ni siquiera el furor,
pudo salvarlos.


*


UN TAXI A BUCAREST

Por aquel tiempo
solía sentir cuando subía a un taxi
que entraba en una zona secreta.
Las calles se enrarecían,
olvidaba de pronto mi destino,
había una extraña iluminación de set,
iba hacia la peripecia,
desde la periferia al centro de una revelación,
cuando la luz enceguecía
el taxi entraba a Bucarest.



[De: Celia Fontán, Un taxi a Bucarest,
Papeles de Boulevard, Rosario, 2007]



CELIA FONTÁN SOBRE SÍ MISMA



Nací en Rosario, ciudad en la que resido. Soy egresada de la carrera de Letras de la Universidad Nacional de Rosario, aunque fui también alumna de Artes Visuales y estudié pintura en diferentes instituciones y talleres. Durante muchos años viví estas dos vocaciones. Con el tiempo, triunfó la poesía, aunque creo que mi verdadera formación se produjo en contacto con el mundo de la pintura, que sigue siendo, para mí una especie de sendero, de llamado a la armonía, de respeto hacia el oficio que supone todo arte.

Publiqué mis primeros poemarios en la ciudad de Santa Fe en la década del setenta. Por entonces, integraba el grupo literario “Tupambaé” con otros jóvenes poetas de esa ciudad y de Paraná. En los mismos años formé parte del “Grupo Rosario”, con otros pintores de nuestra ciudad. En 1981, publiqué Hijas del mar, libro de poemas que había obtenido el premio-edición de la Fundación Arcien y creo que a partir de entonces concentré todos mis esfuerzo en la escritura. En 1989, Los Habitantes de Valdrada, obtuvo el premio-edición Manuel Musto de la Municipalidad de Rosario. En 1995 publiqué Restos del Navío. Mi último libro publicado es Un taxi a Bucarest. En actualidad estoy preparando un nuevo libro de poemas y un libro de cuentos.

He publicado en diarios y revistas del país y del exterior y mi obra ha sido incluida en antologías y publicaciones colectivas. Una de ellas es Poetesse Argentine, publicada en Cosenza, Italia, compilada y traducida por Pablo Anadón.

[De: http://celiafontan.blogspot.com/]

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