lunes, 29 de septiembre de 2014

LIBROS RECIBIDOS


ANTONIO REQUENI

Poesía reunida


Antonio Requeni
por Antonio Berni




PIEDRA LIBRE


El padre juega con sus criaturas.
La cara vuelta contra la pared
y el brazo levantado hasta los ojos,
está contando como si llorara.
Y mientras cuenta sus criaturas crecen,
van por el mundo, suben escaleras,
se enamoran o estudian geografía.
Cuando termina de contar, el padre
entra en los cuartos y revisa muebles.
Apenas ve. ¿Quién apagó las luces?
Su voz, que ha enronquecido, los invita
a dejar de una vez sus escondites.
Y los hijos regresan, jubilosos.
¡Cómo han crecido! Son casi tan altos
como los sueños que en su juventud
solían desvelarlo dulcemente.
¡A contar! ¡A contar! ―exclama el padre.
(Los grandes siempre vuelven a ser niños).
Y los hijos se apoyan contra el muro,
hunden la frente entre los brazos. Cuentan.
Y mientras cuentan ―once, doce, trece…―
el padre se va haciendo pequeñito.
Cuando terminan de contar lo buscan.
Lo buscan pero el padre no aparece.
Se ha escondido debajo de la tierra.


*


LIMA


En Lima nunca llueve,
por eso lavan las estatuas
que se alzan, como náufragos, del polvo.
En Lima hay muchos templos con altares
de plata y oro. Y por la calle cholas
llevando un hijo y el destino a cuestas
(nada sueñan o aguardan sino, acaso,
la total indigencia de la muerte).
En Lima aún hay palacios y mansiones
con balcones y rejas voladizas.
Pero todos los pájaros se han ido.
En Lima compran huacos los turistas
y visitan los restos de Pizarro.
Aquí habitó de niña Santa Rosa.
Allá la casquivana Perricholi.
Merodean mendigos
los espesos mercados, las iglesias.
En Lima vivió Arguedas; yo iba a verlo
cuando el Cholo Valencia me detuvo.
“Se suicidó ―me dijo― esta mañana”.


*


EL CISNE DE TUONELA
          (Sibelius)


Mientras los hombres duermen
como en su cápsula el gusano,
ya sin amor y sin nostalgia, altivo,
su imagen se desliza en las extáticas
ondas nocturnas de la música.
Al frágil resplandor se yergue el tallo
de su cuello, su cuello que aún sostiene
dos encendidos jaspes y una boca
que modula la lúgubre elegía.
Blanco espectro, jazmín de las tinieblas,
lejano y desdeñoso
como un alma que fluye
por las aguas del río de la muerte.
Sólo su estela de misterio
queda temblando en la penumbra.
Lento, profundo, numinoso
silencio de la noche en las orillas.


*


MARIANA


Mi mano tiembla al escribir tu nombre.
Fue tan breve tu sueño.
Cuerpo que apenas proyectaba sombra
sobre el diurno milagro de la luz,
y de pronto la Noche.
Un insomnio de blancos delantales.
El reptar sigiloso de la fiebre.
Las agujas clavándose en las venas
y unos labios besándote, sombríos,
cuando ignorabas todavía
el roce de los labios del amor,
cuando el cielo ya huía de tus ojos
y el tiempo era una guirnalda seca,
muda fragancia, resplandor amargo,
el fino tallo de una flor cortada.
Hoy, en tu aniversario,
regresa a mí la dolorosa imagen;
tu levedad yacente entre las sábanas,
el frágil peso de la muerte, toda
la inocencia del mundo
sobre una cama de hospital.
Mi mano tiembla cuando, al recordarte,
escribe estas palabras que se inclinan
como tú, aquella noche,
hacia el Silencio.


*


EL VASO DE AGUA


Cuando me acuesto, desde que era niño,
pongo a mi lado un vaso de agua.
Al apagar la luz, si lo contemplo
brillar en la penumbra, me imagino
que el agua es otro nombre de mi madre
y estoy seguro de que, ya dormido,
alumbrará el acuario de mis sueños.
Sombra, misterio, música nocturna
que bebo a lentos sorbos o me bebe.
¿Eres tú quien me sueña en ese extraño
país donde algún día nos veremos?
¿Dormir es un ensayo de la muerte?
Por las mañanas, cuando me recuerdo,
muchas veces el vaso está vacío.
Y vuelvo, desganado, a la rutina
de calles y de rostros, mientras llega
la oscuridad, el rito silencioso
de llenar nuevamente el vaso de agua
para ponerlo al lado de mis sueños
y saber que allí estás, que me proteges,
que hay algo puro en medio de la noche.


*


ROMA ― AMOR


Yo palpé tu misterio aquella tarde
de Roma, junto a mármoles vetustos
y abiertos como labios de una fuente.
Tu palabra fue allí esa nota líquida
que alzábase y caía, resbalando
entre murmullos y salpicaduras.
Lo recuerdo: la luz se desnudaba
detrás de las columnas, lentamente.
Sonreía, sutil, la Primavera
y era en la cruz el Cristo igual a una
pálida mariposa con las alas pinchadas.
Entonces, en el cuenco de mis manos,
retuve unos instantes el prodigio.
Y vi en su fondo un titilar de estrellas.
Bebí, gozoso, su secreta música.
En la emoción de Roma, de unas calles
vencidas de memorias y hermosura,
ante el cristal de eternidad del agua,
yo rescaté la gracia de sentirme
enamorado del amor, el huésped
de unos viejos espacios donde flota
ese ciego perfume que es el tiempo,
la inmortal juventud de la poesía.


*


CARTA A JORGE CALVETTI


Querido Jorge:
                         Ya no estás, es cierto,
pero hoy quisiera conversar contigo
como en aquellas noches del diario,
entre galeras, cables y la música
de los viejos pianitos de escribir.
Mucho ha cambiado todo, sin embargo
yo sigo amando la poesía, aquella
que nos hizo vibrar y sentir juntos
el misterio sutil, la delicada
revelación de los inefable. Ahora
los poetas no cantan, sus palabras
ya no conmueven, niegan o desprecian
melodía, belleza y emoción.
Mucho ha cambiado la poesía, el mundo,
y yo estoy solo, náufrago en la isla
de una ciudad que alguna vez fue nuestra,
“esa ciudad ―como dijera Borges―
que también se llamaba Buenos Aires”.
Yo aquí en la tierra, vos en otro cielo,
el de Jujuy tal vez, junto a paisanos
que fueron tus amigos, recorriendo
celestiales laderas y quebradas
en tu yegua “la Loca”, recitando
poemas de Virgilio o Mastronardi.

Quiero decirte, Jorge, cuánto añoro
tu palabra de hermano y de maestro,
tu permanente ejemplo de poeta,
la lección de tu clara honestidad.
Es probable que el tiempo nos olvide
y vos y yo seamos algún día
como el soldado aquel, desconocido,
de la columna de Trajano en Roma
(en la poesía que me dedicaste).
¿Pero qué importa? Fuimos unos años
compañeros, hermanos, nos unieron
el fervor del poema y la amistad.
Eso consuela, al fin, de la distancia,
la incomprensión, el tedio, la impotencia.
Quería hablarte de estas cosas, Jorge,
vaciar el corazón, dar testimonio
de lo que acaso un día, de estar vivo,
me habrías reprochado. ¿Quién lo sabe?

Adiós. Te envío un fuerte abrazo,
                                                       Antonio.


*


OCTOGENARIO


No quiero, no quisiera despedirme
de todo lo que amé, pero es preciso
decirle adiós a la felicidad,
al sol entre las hojas del verano,
a unos versos queridos, a la música,
a aquel niño que fui, a aquel muchacho
que anhelaba el amor y los viajes,
el milagro del arte y la belleza.
Estoy viejo, lo sé. ¿Pero estoy viejo?
Los errores del cuerpo lo confirman,
pero mi corazón herido se rebela,
se resiste a pensar que todo acaba,
que está cerca la noche y su misterio,
la nada horizontal, toda la nada,
eso que llaman muerte.
No quiero, no quisiera despedirme
del diario despertar, de la costumbre
del beso de los hijos de mis hijos,
del ser y estar entre la maravilla
y la inconsciencia de vivir. Es cierto,
estoy viejo, lo sé, pero aún me quedan
las palabras que escribo y que me escriben
para decir ahora lo que quiero;
estas tal vez efímeras señales
de un hombre que pasó por este mundo.


*


LA POESÍA


Temblorosa, como una flor desnuda,
te descubrí en la infancia. Simplemente
un susurro, un aroma por la frente,
tu luz en mi palabra ciega y muda.

Como quien ama y con su amor se escuda
de la monotonía de la gente,
conmigo te llevé secretamente,
razón del sueño entre mi fe y mi duda.

Fuiste el misterio y la belleza, todo
lo que en tu nombre amé y hoy es el modo
de una nostalgia que a vivir me ayuda

cuando abro un libro y vuelves, temblorosa
―susurro, aroma, luz, desnuda rosa―,
con Garcilaso, Rilke, Banchs, Cernuda.





[De: Antonio Requeni, Poesía reunida
Academia Argentina de Letras, Buenos Aires, 2014]




sábado, 13 de septiembre de 2014

Alejandro Nicotra

La tarea a cumplir

Selección y prólogo
de Ricardo H. Herrera




Colección "Fénix"
Editorial Brujas
Córdoba, 2014


*


Anotación preliminar

Con motivo de la concesión del premio “Rosa de cobre”, entregado a Alejandro Nicotra por la Biblioteca Nacional Mariano Moreno el 22 de noviembre de 2013, escribí unas pocas páginas que cumplieron ese día la misión de presentar el poeta al público asistente. Son las mismas páginas que prologan el libro que el lector tiene en sus manos, un libro cuyo título –La tarea a cumplir– deja abierta la posibilidad de una deseada continuación. Es esta la segunda antología que realizo de la poesía de Alejandro Nicotra; la anterior –El pan de las abejas y otros poemas– apareció en 1983, precedida por el ensayo “La agonía de la luz”. Al igual que en la primera oportunidad, ha sido una detenida relectura de la obra lo que me ha permitido emprender la placentera labor de intentar descifrar y mostrar una poesía que me ha acompañado a través de los años sin perder nada de su magia. En ambas ocasiones, fue de la inmersión en la relectura que nacieron al unísono tanto la exposición crítica como la exposición antológica. No obstante mi empeño de penetrar en el enigma de esta poesía –ya recurriendo a observaciones críticas, ya seleccionando lo que me parece de un valor indubitable– no puedo dejar de advertir que mi empeño no se opone a su raigal hermetismo; más bien, pretende que todos y cada uno de los poemas continúen realizando su enigmática vida en un registro más profundo de la imaginación del lector, como un prodigio que se ahonda y renueva tras cada lectura, “como una veta de amatista o ágata / inexplorada”.

R. H. H.




EN UNO Y OTRO DÍA


Y ahí, el panorama de la gran ciudad
donde caminan los perdidos, nosotros,
los que creyeron que hallarían
casa, oficio, nombre.

Ahora, ¿en dónde te pondremos,
antigua imagen,
pasión de nuestras vidas inútiles,
hermosa y sucia como un vicio?

Resistirás,
sin embargo.

Alimentada de muerte
en uno y otro día,
aunque quisiéramos,
ninguno te podrá abandonar.


*


PERO ELLOS, LA FLOR


Sí, fugaces
minutos
en un bar, en una plaza, en un hotel sin nombre,
y alrededor
las instituciones, las sustituciones, las ficciones,
el disco
que una vez y otra vez gira en la nada.
Pero ellos,
                 la flor:
los condenados a morir
también,
pero después de haber vivido,
ellos,
los del abrazo en los andenes
para las ruedas con que muerde el hierro
la rosa rápida
de dos.


*


LA CASA DEL MAESTRO


Es una galería simplemente sin nadie,
pero allí donde él solía sentarse algunas horas
en las mañanas de los últimos veranos
la solitaria luz se adelgaza: es ausencia.

Por otra parte,
uno ve los pilares roídos,
el techo que declina sus tejas
hacia un patio con un aljibe ciego,
ve una jaula vacía, un farol,
unas puertas cerradas por candados.

Nada más,
y a lo mejor uno se queda unos minutos
si es que oye
brotar entre esas ruinas
el grito, agrio de luz, de una cigarra.


*


MOMENTO DE RILKE

                                     (Fotografía y “Cuartetas valesanas”)

La torre de Muzot
abierta al valle―

más allá de las viñas,
y del ir y venir de los rastrillos,
parecida a otro monte, la tormenta―:

                                   tú miras cómo el dios
hace del sol un vino, una muchacha
del agua aérea en la cascada...

Abierto al puro espacio
y la estación.


*


IMAGEN


Alguien
de pies descalzos sobre el amor y la muerte

Alguien que se pierde en los espejos
y abre las puertas cegadas en los años

La voz que aguarda tu oído
los ojos dispersos por la noche y las ciudades

La recordada la desconocida
la mano siempre más allá de su adiós

Alguien por una calle
donde los árboles fuesen invernales

A orillas del fuego
a orillas de tu corazón que no duerme

Ya sin nombre
como un ángel tras la visión de la locura

O la última soledad o la esperanza



[Fotografía: Juan Carlos Chávez Murúa]



Alejandro Nicotra nació en Sampacho, Córdoba, en 1931. Ha publicado, en poesía: Cuaderno de Córdoba, Castellví, Santa Fe, 1957; Nuevas canciones, Colombo, Buenos Aires, 1965; El tiempo hacia la luz, Hachette, Buenos Aires, 1967; Detrás, las calles, Coleción Adonais, Rialp, Madrid, 1971; Puertas apagadas, La Ventana, Rosario, 1976; Lugar de reunión, Taladriz, Buenos Aires, 1981; El pan de las abejas y otros poemas (antología), El Imaginero, Buenos Aires, 1983; Puertas apagadas / Lugar de reunión, Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba, 1986; Desnuda musa, Alción, Córdoba, 1988; Hogueras de San Juan, El Imaginero, Miramar, 1993; Il pane delle api e altre poesie, Centro Internazionale della Grafica di Venezia, Venecia, 1993; Poesía (1976-1993), Alción, Córdoba,1994; Cuaderno abierto, Colección Fénix, El Copista, Córdoba, 2000; Antología poética, Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 2002; Lugar de reunión –Obra poética 1967-2000−, El Copista, Córdoba, 2004; El anillo de plata, Colección Fénix, El Copista, Córdoba, 2005; De una palabra a otra, Colección Fénix, El Copista, Córdoba, 2008. Ha recibido, entre otras, las siguientes distinciones: Premio “Arturo Capdevila”, del PEN Club Internacional, Centro  Argentino, 1968; Faja de Honor, de la Sociedad Argentina de Escritores, 1977; Premio “Esteban Echeverría”, de Gente de Letras, 1991; Premio Konex, de la Fundación Konex, l994; Premio “Consagración”, del Gobierno de la Provincia de Córdoba, 2003; Premio “Rosa de Cobre”, de la Biblioteca Nacional, 2013. Es Miembro Correspondiente de la Academia Argentina de Letras.



domingo, 26 de febrero de 2012



Elisa Molina

ESCRITO EN EL AGUA






AGUA DE ORO, 1995

"...el reino pertenece a un niño"
Heráclito

La noche cae sobre nosotros
- juntos, callados -
como una uva de sombra.
Tampoco nos habla el niño;
                   canturrea
absorto en su círculo de agua,
busca piedras de colores,
encanta al tiempo
con el girar de sus manos.


*


LEJOS DEL MAR

Vivo tan lejos del mar
y sin embargo,
anoche,
en la síntesis perfecta
que compone el sueño,
tuve mi luz, mi casa,
mi camino de acacias
entre las dunas
y a mis queridos.

Después desperté
y por un momento en la noche
la soleada imagen pudo más.
No debiera, no quisiera
olvidar su tenue
presencia en la vigilia:
trabaja en mí, circula
silenciosa; roza
a veces la opaca
evidencia de las cosas.


*


JARDÍN DE NOCHE

Cruzo el jardín hacia la casa;
el cerco de ramas
contiene ese momento
casi marino de la tarde:
el fondo azul, las formas negras
diluyéndose...

La verdad
se expresa en un lenguaje extraño
y dura poco.

Me apresuro a entrar,
a encender la luz
de esta burbuja que deriva.


*


EL ABRAZO

"Sucederá lo que haya de suceder - dijo
filosóficamente el mayor de los guisantes..."
H. C. Andersen

La verde ráfaga del verano
y el aire que agita como loco
las hojas de los álamos
y el cerco de la honda madreselva
caen, piel del día desollado,
para mi daño.

Comprendo ahora
a los que se quedaron quietos,
mirando en torno,
comprendo ahora a los que callan.

Una vez mi madre me abrazó llorando,
no sé por qué sufría;
me abrazó como yo
abrazo con la mirada a mi hija
que duerme.
Me abrazó para salvarse
y protegerme.

Para poder cerrar los ojos
y dejar que el sueño, mi sueño,
último jirón de niebla suspendido
hiciera lo demás:
calmar, aliviar, restaurar

el verde pájaro a la rama,
el amanecer al canto del gallo,
los higos a lo alto del sol,
la hoja a su danza:
todo en su lugar
para cuando despierte.


*


HELECHOS


Finalmente, está hecho:
repetí tu gesto.
Tembló una telaraña y su rocío,
la yema de los dedos rozó
los bordes de la piedra fría
y arranqué un helecho de las sierras,
un gajo de raíz,
con un poco de tierra.

Si me hubieras visto,
este día se habría detenido
apenas un instante
en tu sonrisa.

De lejos nos llegaban
las voces de los chicos.

Acaso se detuvo.


*


GATA PERDIDA

a Francisco

Querías llorar,
y con rabioso desconsuelo
componer lo roto.
                                 Se puede:

cuando se alineen los espejos
del pasado se abrirá
un día redondo y amarillo
                                 y te dirás:

"Era un día redondo y amarillo,
la ropa se balanceaba al sol
y mi cuerpo pequeño, entre sus brazos."



[De: Elisa Molina, Escrito en el agua,
Ediciones del Copista, Col. "Fénix", Córdoba, 2003]




Elisa Molina nació en Córdoba, donde actualmente reside. Licenciada en Letras Modernas por la Universidad Nacional de Córdoba, codirigió la colección "La Poesía Traducida" y es colaboradora en poesía y crítica de las revistas "Fénix" y "Hablar de poesía", entre otras. Ha publicado Escrito en el agua (2003) y es de próxima edición su libro En la lengua de tu padre

miércoles, 5 de octubre de 2011

Victoria Schcolnik

UNA TIERRA




Aprendí a guardar el dolor:
una costumbre parecida a la de esas familias
en las que hay un ancho silencio y lo custodian
como si fuera una herencia.
Pero las generaciones van desapareciendo
en ese mismo silencio que procuraron no delatar
y que en cada palabra ahorrada, se fue convirtiendo
en el lugar en el que habrían de morir.


*


En las madrugadas me despertaba temblando:
un cuerpo tan pequeño, traduciendo para sí
la fuerza que lo mantiene vivo,
como un telégrafo que desconoce su función, un aparato que vibra
y transmite mensajes a otra persona que está lejos
pero sufre la misma guerra.


*


Soy a la vez huérfana
e hija de todas las cosas,
con las que mantengo una relación de espera
porque mis actos están destinados
a darme la paciencia que me lleve
a un intenso y quieto fruto
que se desprende.


*


Esto es lo que crece quieto bajo la sombra
que poco necesita para sobrevivir,
gotas de agua apenas, la imaginación que lucha
contra el oscuro declive de las cosas.


*


Voy a esperar una señal,
que en una de sus vueltas el mundo frene
como si fuese un trompo que a lo último,
cuando los círculos son más profundos y entran
por fin en el espacio, termina cayéndose
y es un juguete fuera de su órbita:
un objeto.

Así dura en mí el instante, la sensación de que las cosas
están destinadas a detenerse, yendo hacia un centro
en donde estoy intolerablemente quieta.



Victoria Schcolnik (Buenos Aires, 1984), ha publicado los libros El refugio (Abeja Reina, Buenos Aires, 2008) y Una tierra (Curandera, Buenos Aires, 2011). Integra la selección Última poesía argentina (Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2008). Ha trabajado como editora y productora en la revista Ventizca y en el proyecto Vocal de poesía y música. Es Licenciada en Comunicación y actualmente dirige, con Marcelo Carnero, Soledad Castresana y Claudia Masin, las ediciones Curandera.




[De: Victoria Schcolnik, Una tierra,
Curandera Ediciones, Buenos Aires, 2011]

viernes, 16 de septiembre de 2011

Víctor Gustavo Zonana

ARTE, FORMA, SENTIDO

La poesía de Daniel Devoto





Sobre el autor estudiado
y sobre el autor del estudio


DANIEL DEVOTO (Buenos Aires, 1916 – Hendaye, 2001), fue músico y musicólogo, estudioso de la literatura española medieval y contemporánea, de la literatura argentina, el folklore y la poesía popular, además de bibliófilo y promotor cultural. Su obra en estos campos es internacionalmente conocida. Por diversas causas, sin embargo, su creación literaria sólo ha sido apreciada por coetáneos y por un círculo de amigos y admiradores. El presente estudio se propone rescatar esta dimensión de su labor artística, para divulgar los valores de su poesía y así profundizar en el conocimiento de su obra y de la llamada “generación neorromántica del ‘40”, a la que perteneció.


*

VÍCTOR GUSTAVO ZONANA nació en Mendoza (Argentina) en 1963. Es Profesor, Licenciado y Doctor en Letras por la Universidad Nacional de Cuyo. Actualmente se desempeña como profesor asociado de la cátedra Literatura Argentina II (Siglo XX) en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo e Investigador Adjunto del CONICET.
Realizó sus cursos preparatorios para el doctorado como pasante en la Unité de Formation et Recherche en Littérature Générale et Comparée, Paris III, Université de La Sorbonne Nouvelle, bajo la dirección del Prof. Dr. Jean Bessière en 1993.
Ha sido profesor invitado en la Universidad de Buenos Aires, Universidad del Nordeste, Universidad Católica Argentina (Buenos Aires), Universidad de Navarra, Université de Limoges y Université de Bretagne Sud.
Es autor de los siguientes estudios: Metáfora y simbolización en Altazor (1994); Sueños de un caminante solitario. La poesía argentina de Juan Rodolfo Wilcock (1998); Orfeos argentinos. Lírica del ’40 (2001); La poesía de Alfonso Sola González (2004); Eduardo Jonquières. Creación y destino en las poéticas del ’40 (2005); en co-edición con Hebe Beatriz Molina, Poéticas de autor en la literatura argentina. Desde 1950 (2007); en co-autoría con Marta E. Castellino, Poesía argentina. Dos miradas (2008).



*


Fragmento de la Introducción
por Víctor Gustavo Zonana


Ex-libris de la biblioteca Devoto-Del Valle-Inclán
y retrato de Daniel Devoto y Mariquiña Valle-Inclán.

La figura de Daniel Devoto (1916 - 2001) es internacionalmente conocida por sus aportes en los campos de la literatura española medieval, el folklore, la poesía popular y la musicología. Del mismo prestigio gozan sus trabajos bibliográficos y bibliotecológicos y su labor como editor.

Su obra literaria, sin embargo, no ha merecido la misma fortuna. Varias son las razones de este hecho. Daniel Devoto mantuvo, especialmente después de la edición de su Libro de las fábulas (1943) un “implacable y saludable temor frente a la obra propia” . La actitud, que atribuye a César Vallejo, puede aplicársele perfectamente. Devoto restringió la circulación de su poesía y asignó a esta voluntad cierto valor saludable en un doble sentido: en primer lugar, porque consideraba que los poetas relevantes de su grupo eran sólo Olga Orozco, Eduardo Jorge Bosco y Enrique Molina; en segundo, porque se sentía no calificado para efectuar juicios de valor sobre su obra poética, especialmente en cuanto a su gravitación en el contexto de la lírica argentina. Empero, no hay nada más cierto que su vocación creadora, vocación germinal y de impulso sostenido. Y en cuanto al valor, las apreciaciones de Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas y Julio Cortázar constituyen autorizadas garantías y ofrecen ese criterio de “intersubjetividad” al que aspiraría el poeta.

Ese pudoroso descuido de su obra de creación explica, en parte, lo restringido de su circulación. Otra razón se encuentra en el modo de edición de la obra, especialmente a partir de su radicación en Francia en la década del ’50. Se trata de libros o plaquetas artesanales, sumamente cuidadas que responden a una alta consideración del poema como objeto estético. La edición cuidada genera además cierto “ritual” del acto de lectura: desde la entrega personal, numerada y dedicada del ejemplar hasta la fruición solitaria, una serie de etapas jalonan el acercamiento al texto. Hasta Fragmentos de los cánticos (1953), última obra publicada en la Argentina, a la edición artesanal de ejemplares dedicados a los amigos más próximos, se sumaba la de un conjunto mayor, de 300 ejemplares por ejemplo, no menos cuidada, pero sí realizada mediante un proceso “más industrial”, por calificarlo de algún modo. Las ediciones realizadas en Europa se reducen a un número máximo de 125 ejemplares, son básicamente plaquettes y se hallan fuera de circulación comercial. Como apunta su discípula y traductora, Sabine Collet-Sedola, pareciera que, a partir de su establecimiento en Francia, “las circunstancias lo orientan principalmente hacia la enseñanza y la investigación. A pesar de ello, el músico y el poeta permanecen en él, compañeros fieles del pedagogo y del investigador” . Por ello, la obra de creación queda confinada al círculo de amigos que evaluarían, posiblemente con benevolencia, estas “veleidades” del crítico erudito.
[...]

La recopilación de sus obras literarias (lírica y narrativa) permite completar esta faceta de su personalidad toda y efectuar un estudio de carácter introductorio. Su interés primordial consiste en rescatar del olvido la obra de creación del autor. Paralelamente, el análisis de la poesía de Daniel Devoto permite avanzar en una línea de investigación sobre la lírica neorromántica argentina del ’40. Su poesía ejemplifica de manera paradigmática dos aspectos que la crítica argentina atribuye de modo unánime a la lírica del grupo, aunque los valora de manera diversa: la asunción de la tradición literaria y el papel de la forma en el proceso de la creación. Tal como se intentará demostrar, estos son los ejes que permiten comprender e interpretar el legado poético de Devoto y, también, del programa que da unidad a los escritores de su vertiente.

A manera de conjetura se puede postular que, por su modo de asumir la herencia de la tradición, la poesía de Daniel Devoto prolonga las tentativas de Leopoldo Lugones, Enrique Banchs y Ricardo Molinari. Tal como se observa en la obra de los autores mencionados, en la poesía de Daniel Devoto la tradición no se asume de manera pasiva, sino con un decidido afán lúdico que lleva a la permanente transformación de sus posibilidades expresivas. El juego se establece no sólo con los materiales provistos por la tradición, sino también con el lector, desafiado a reconocer su lógica en el poema mismo o a veces, en indicaciones paratextuales presentes al final del libro.


[De: Víctor Gustavo Zonana,
Arte, forma, sentido. La poesía de Daniel Devoto,
Ediciones del Copista, Col. "Fénix", Córdoba, 2010, 192 págs.]


miércoles, 31 de agosto de 2011

Celia Fontán

UN TAXI A BUCAREST




PASAJERAS

Hermana, ayúdame a recordar
las luces en cubierta,
el resplandor del río,
el agua hecha del mismo material de la noche
y el fulgor de los ojos oscuros
de los muchachos que fuman contra las barandillas.
Como un espejismo,
un área dorada que pronto iba a rozarme,
avanzaba hacia mí en silencioso oleaje,
hermana, ayúdame a recordar.


*


CUANDO PASABAN LOS TEROS

Cuando pasaban los teros
y ellos salían a verlos pasar
e imitaban su grito entre los árboles,
el vuelo con los brazos
y medían el aire,
cielo arriba,
como una posesión
y los teros rozaban los tejados
llamándose entre sí,
y tarde,
ya juntos
se alejaban
hacia cielos más puros.


*


LLUVIAS

Llueve,
no dejará de llover
detrás de las rejas
de la cárcel
de alta seguridad
donde
Isaac Babel
espera la muerte.
Y es apenas
un hombre atribulado,
cierto en su pesadumbre,
que no quiere pensar
ni comprender
sino dejarse llevar
por el ruido del agua
hacia el traspatio
de la casa, a la que ahora,
después de mucho tiempo,
se anima a regresar.
Sabe
que va a morir al amanecer
y allí se deja estar,
en ese territorio ahora inviolable,
a salvo de todas las requisas.


*


CONVERSACIÓN

Me dijo
que no era fácil morir
en terapia intensiva,
me dijo que entre sondas
y bajo el centelleo
de los monitores,
más se sentía como un astronauta
en víspera
de iniciar un largo viaje,
que una vieja
en sus últimos días en el mundo.
Pero escuchar llover, me dijo,
escuchar llover o imaginar
la lluvia
detrás del ventanuco de la sala,
eso sí,
la había ayudado.


*


CAÑADÓN DE LOS MUERTOS

(Santa Cruz, 1921)

Los muertos cavan al amanecer
tumbas de lava,
cava la pala
al ras del suelo
la costra helada,
más tarde, el viento
descubrirá los cuerpos
apenas recubiertos
para que los viajeros se santigüen
al pasar,
porque son jóvenes
y no quieren morir,
porque están muertos
y no quieren cavar,
porque no hay,
ni habrá
tierra
más dura de labrar
que este suelo.


*


LA MUJER MÁS VIEJA DEL MUNDO

La mujer más vieja del mundo,
la negra
nacida esclava,
la que padeció castigos,
vejaciones,
el tormento del cepo,
pide cumplir
un último,
un íntimo deseo
emblema de su alma:
ver el mar.
Y allá va
seguida
de un cortejo de hombres jóvenes
que caminan
como en una película muda
por la arena.
La esclava, ahora vieja liberta,
la negra
mínima, agudísima, encorvada,
la mujer más vieja del mundo
llega al mar
y lo oye,
y lo aspira
y sumerge sus negros pies en esa espuma
y ella,
que es en ese instante el universo,
dice:
hasta aquí he llegado.


*


EL AMANECER

El tránsito de la noche hacia el día
fue registrado por la cámara,
(temblorosa, su mano
pulsó el disparador)
y tuvo para siempre, sobre el mar
los destellos
del amanecer.
Ella volvió a esos lugares
otro verano,
su cabellera de niña rubia hilaba el sol,
quería saber
cómo pudo captar toda la luz,
justamente ese día
en que el amor comenzaba a apagarse.


*


EL GALPÓN

Entre herramientas
y trastos deshechos
mirar el mundo por última vez.
Muda arrogancia
de los desesperados.
Solía pasar frente a mi casa
y saludarme con un gesto vago,
pasó seguramente aquella tarde,
antes de encerrarse en el galpón.


*


BARCOS EN LA NOCHE

A Antonio Di Benedetto

No puedo ver
los barcos en la noche,
es un llamado salvaje,
un alarido,
verlos levitar
sobre lo oscuro.
No hay cielo, ni agua,
ni sostén,
sólo el olor del río,
las luces que avanzan
mientras llaman.
¿Oyes, Zama?
¿quién vendrá por ti?
¿quién vendrá por mí?


*


EL NEVA

Haber visto el río Neva,
no les sirvió de nada,
igual sus almas se perdieron.
Eran días de furia,
por las calles
se gritaban nombres de inocentes.
Y nada, ni siquiera el furor,
pudo salvarlos.


*


UN TAXI A BUCAREST

Por aquel tiempo
solía sentir cuando subía a un taxi
que entraba en una zona secreta.
Las calles se enrarecían,
olvidaba de pronto mi destino,
había una extraña iluminación de set,
iba hacia la peripecia,
desde la periferia al centro de una revelación,
cuando la luz enceguecía
el taxi entraba a Bucarest.



[De: Celia Fontán, Un taxi a Bucarest,
Papeles de Boulevard, Rosario, 2007]



CELIA FONTÁN SOBRE SÍ MISMA



Nací en Rosario, ciudad en la que resido. Soy egresada de la carrera de Letras de la Universidad Nacional de Rosario, aunque fui también alumna de Artes Visuales y estudié pintura en diferentes instituciones y talleres. Durante muchos años viví estas dos vocaciones. Con el tiempo, triunfó la poesía, aunque creo que mi verdadera formación se produjo en contacto con el mundo de la pintura, que sigue siendo, para mí una especie de sendero, de llamado a la armonía, de respeto hacia el oficio que supone todo arte.

Publiqué mis primeros poemarios en la ciudad de Santa Fe en la década del setenta. Por entonces, integraba el grupo literario “Tupambaé” con otros jóvenes poetas de esa ciudad y de Paraná. En los mismos años formé parte del “Grupo Rosario”, con otros pintores de nuestra ciudad. En 1981, publiqué Hijas del mar, libro de poemas que había obtenido el premio-edición de la Fundación Arcien y creo que a partir de entonces concentré todos mis esfuerzo en la escritura. En 1989, Los Habitantes de Valdrada, obtuvo el premio-edición Manuel Musto de la Municipalidad de Rosario. En 1995 publiqué Restos del Navío. Mi último libro publicado es Un taxi a Bucarest. En actualidad estoy preparando un nuevo libro de poemas y un libro de cuentos.

He publicado en diarios y revistas del país y del exterior y mi obra ha sido incluida en antologías y publicaciones colectivas. Una de ellas es Poetesse Argentine, publicada en Cosenza, Italia, compilada y traducida por Pablo Anadón.

[De: http://celiafontan.blogspot.com/]