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sábado, 1 de abril de 2023

 

Tres poemas de Alejandro Nicotra

en el último número 

de la revista “Fénix”






Está nevando

 

Es la visita,

esta vez no esperada, de la nieve:

el día yermo, afuera.

 

(Así un país, de pronto

desconocido.)

 

Pero yo salgo

a recibir el don, el roce incierto

—tan real, sin embargo—

de su virgen del frío.

 

*

 

Cartel de invierno

                                  

           a Francisco y Marianita, niños

 

Lo he visto y lo he oído:

                         el benteveo

amarillo en el árbol

ya mero gris,

y su júbilo arrojado al azul

por el azar alegre

de este día.

 

             (Este día:

islote de un invierno,

todo sol.)

 

Frente a la cumbre blanca,

sobre la palma abierta del jardín.

 

*

 

Al despertar

                                  a Irene

 

Mira:

         blanca, la cima

—efigie aún

de la estación que muere—,

y ya, a su pie,

 

la flor más niña,

la del durazno,

Irene.

 

[Otros poemas de Alejandro Nicotra,

de su libro inédito Última cita, en:

“Fénix” N° 30, Editorial Brujas, Córdoba, 2022]





sábado, 13 de septiembre de 2014

Alejandro Nicotra

La tarea a cumplir

Selección y prólogo
de Ricardo H. Herrera




Colección "Fénix"
Editorial Brujas
Córdoba, 2014


*


Anotación preliminar

Con motivo de la concesión del premio “Rosa de cobre”, entregado a Alejandro Nicotra por la Biblioteca Nacional Mariano Moreno el 22 de noviembre de 2013, escribí unas pocas páginas que cumplieron ese día la misión de presentar el poeta al público asistente. Son las mismas páginas que prologan el libro que el lector tiene en sus manos, un libro cuyo título –La tarea a cumplir– deja abierta la posibilidad de una deseada continuación. Es esta la segunda antología que realizo de la poesía de Alejandro Nicotra; la anterior –El pan de las abejas y otros poemas– apareció en 1983, precedida por el ensayo “La agonía de la luz”. Al igual que en la primera oportunidad, ha sido una detenida relectura de la obra lo que me ha permitido emprender la placentera labor de intentar descifrar y mostrar una poesía que me ha acompañado a través de los años sin perder nada de su magia. En ambas ocasiones, fue de la inmersión en la relectura que nacieron al unísono tanto la exposición crítica como la exposición antológica. No obstante mi empeño de penetrar en el enigma de esta poesía –ya recurriendo a observaciones críticas, ya seleccionando lo que me parece de un valor indubitable– no puedo dejar de advertir que mi empeño no se opone a su raigal hermetismo; más bien, pretende que todos y cada uno de los poemas continúen realizando su enigmática vida en un registro más profundo de la imaginación del lector, como un prodigio que se ahonda y renueva tras cada lectura, “como una veta de amatista o ágata / inexplorada”.

R. H. H.




EN UNO Y OTRO DÍA


Y ahí, el panorama de la gran ciudad
donde caminan los perdidos, nosotros,
los que creyeron que hallarían
casa, oficio, nombre.

Ahora, ¿en dónde te pondremos,
antigua imagen,
pasión de nuestras vidas inútiles,
hermosa y sucia como un vicio?

Resistirás,
sin embargo.

Alimentada de muerte
en uno y otro día,
aunque quisiéramos,
ninguno te podrá abandonar.


*


PERO ELLOS, LA FLOR


Sí, fugaces
minutos
en un bar, en una plaza, en un hotel sin nombre,
y alrededor
las instituciones, las sustituciones, las ficciones,
el disco
que una vez y otra vez gira en la nada.
Pero ellos,
                 la flor:
los condenados a morir
también,
pero después de haber vivido,
ellos,
los del abrazo en los andenes
para las ruedas con que muerde el hierro
la rosa rápida
de dos.


*


LA CASA DEL MAESTRO


Es una galería simplemente sin nadie,
pero allí donde él solía sentarse algunas horas
en las mañanas de los últimos veranos
la solitaria luz se adelgaza: es ausencia.

Por otra parte,
uno ve los pilares roídos,
el techo que declina sus tejas
hacia un patio con un aljibe ciego,
ve una jaula vacía, un farol,
unas puertas cerradas por candados.

Nada más,
y a lo mejor uno se queda unos minutos
si es que oye
brotar entre esas ruinas
el grito, agrio de luz, de una cigarra.


*


MOMENTO DE RILKE

                                     (Fotografía y “Cuartetas valesanas”)

La torre de Muzot
abierta al valle―

más allá de las viñas,
y del ir y venir de los rastrillos,
parecida a otro monte, la tormenta―:

                                   tú miras cómo el dios
hace del sol un vino, una muchacha
del agua aérea en la cascada...

Abierto al puro espacio
y la estación.


*


IMAGEN


Alguien
de pies descalzos sobre el amor y la muerte

Alguien que se pierde en los espejos
y abre las puertas cegadas en los años

La voz que aguarda tu oído
los ojos dispersos por la noche y las ciudades

La recordada la desconocida
la mano siempre más allá de su adiós

Alguien por una calle
donde los árboles fuesen invernales

A orillas del fuego
a orillas de tu corazón que no duerme

Ya sin nombre
como un ángel tras la visión de la locura

O la última soledad o la esperanza



[Fotografía: Juan Carlos Chávez Murúa]



Alejandro Nicotra nació en Sampacho, Córdoba, en 1931. Ha publicado, en poesía: Cuaderno de Córdoba, Castellví, Santa Fe, 1957; Nuevas canciones, Colombo, Buenos Aires, 1965; El tiempo hacia la luz, Hachette, Buenos Aires, 1967; Detrás, las calles, Coleción Adonais, Rialp, Madrid, 1971; Puertas apagadas, La Ventana, Rosario, 1976; Lugar de reunión, Taladriz, Buenos Aires, 1981; El pan de las abejas y otros poemas (antología), El Imaginero, Buenos Aires, 1983; Puertas apagadas / Lugar de reunión, Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba, 1986; Desnuda musa, Alción, Córdoba, 1988; Hogueras de San Juan, El Imaginero, Miramar, 1993; Il pane delle api e altre poesie, Centro Internazionale della Grafica di Venezia, Venecia, 1993; Poesía (1976-1993), Alción, Córdoba,1994; Cuaderno abierto, Colección Fénix, El Copista, Córdoba, 2000; Antología poética, Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 2002; Lugar de reunión –Obra poética 1967-2000−, El Copista, Córdoba, 2004; El anillo de plata, Colección Fénix, El Copista, Córdoba, 2005; De una palabra a otra, Colección Fénix, El Copista, Córdoba, 2008. Ha recibido, entre otras, las siguientes distinciones: Premio “Arturo Capdevila”, del PEN Club Internacional, Centro  Argentino, 1968; Faja de Honor, de la Sociedad Argentina de Escritores, 1977; Premio “Esteban Echeverría”, de Gente de Letras, 1991; Premio Konex, de la Fundación Konex, l994; Premio “Consagración”, del Gobierno de la Provincia de Córdoba, 2003; Premio “Rosa de Cobre”, de la Biblioteca Nacional, 2013. Es Miembro Correspondiente de la Academia Argentina de Letras.



domingo, 3 de octubre de 2010

Alejandro Nicotra

Cuaderno abierto




NOCHE Y DIA


1

Se ha levantado, a mitad de la noche.

―En los vidrios, hay astros
y un espectro lunar,
como restos de un sueño…

Él duda, entre dos sombras.

Pero todo lo borra, en la luz de la lámpara,
un flotante desierto.

2

Casi un símbolo, del cielo de sequía
cae la luz en polvo.

―Erial de la hora:

la flor que nace
aspira ya su muerte.―

Como si un dios abandonara el mundo;
o en las cimas, la nieve
y el azul, se extinguiesen.


*


PRESENCIA


Aún real en la ronda de las cuatro estaciones,
vuelve y vuelve tu hora
―o flor, o fruto, u hoja seca, o escarcha―:

tu memoria, hecha mundo;
su materia, que pesa todavía en mi mano.


*


ESTANCIAS


1. Arco

Viene hacia mí.

Como la noche, invisible en la luz.
Con el susurro de los árboles muertos
o de los pájaros que emigran
a un vago sur.
Parecido a las páginas
de las horas no escritas.

Y hacia ti va.

Por los intersticios,
por las grietas del día.


2. Plaza

El árbol-danzante y el árbol-espectro,
la fuente que reza,
y las lámparas sobre un cielo de invierno:
tu plaza, íntima y pública.

Ahí escuchas, en su voz, la ciudad,
no como un grito sino como un susurro:
hablándote.

Palabras, sabes, que le dicta la noche
―veladas, como ella―
y que quiere el poema.


3. Ahora que tu fantasma…

Ahora que tu fantasma ha dejado los cuartos
claros de la memoria
―tu sombra matinal, como el deseo―,
¿será, su estrofa,
rosa de nadie? Sin destino,
¿describirá al caer, sílaba a sílaba,
el seco círculo,
la forma yerta, de mi tiempo?


4. Dictado

Aquel cuarto, que rueda con el día
y la noche,
alto sobre la ciudad,
como un planeta sin nadie
―o sin designio:

ahí tu muerte, que ha cerrado la puerta;
tu palabra, que llama
a su vacío.


5. A un poeta, in memoriam

Tú no probaste
la escala del jardín, sus declives: la hora
blanca del sol o negra de la luna
fueron tu herida.

Tú no sufriste
la ambigua claridad, la mancha húmeda
que es el aire, aquí abajo.
Terraza alta, seca ―que compartimos:
allí quedaste.


6. Pieza de hotel

Da la espalda a las calles
―sus manchas,
sus aristas―
y es toda blanco azogue
ahora,
la noche.
(Aquí, en esta claridad clausurada,
donde se abisma
―como en un agua quieta―
una última sombra.)


*


EL MENSAJE

Aún la oyes cantar y barrer.
Cantar, ignorándolo, la luz de su jardín;
barrer las hojas secas.

Cantar y barrer.

(Vibración, allá afuera, de una única cuerda
―ella, arquero con los ojos vendados―,
que ha dado aquí en el blanco.)


*


VA A NEVAR

La verás.
Sobre el árbol sin hoja,
sobre el cauce seco.

Posándose
―es tu ave de invierno―

como un silencio sobre otro silencio,
eterna y puntual.


*


PREGUNTAS RETÓRICAS

(Jardín)

¿A quién atormenta la buganvilia violácea
con su cuerpo profuso y sus garfios de hembra?
¿De qué noche ha llorado el jazmín
su vía angélica, descendida
pena tras pena?
¿Cuál es el corazón que entrega el granado
al diente agridulce de la sed?
¿A quién finge el laurel, rosa y hierro,
mesura clásica
bajo el cielo?
¿De qué día imposible expone el sol
la retama amarilla,
tu Amarylis?


*


MOMENTO DE RILKE

(Fotografía y “Cuartetas valesanas”)

La torre de Muzot
abierta al valle­―

más allá de las viñas,
y del ir y venir de los rastrillos,
parecida a otro monte, la tormenta―:

tú miras como el dios
hace del sol un vino, una muchacha
del agua aérea en la cascada…

Abierto al puro espacio
y la estación.


*


MÁRGENES


1. Rima, junto al mar

Asonancia,
beso de Bécquer a la sombra
(o murmullo que se pierde en tu noche,
onda tras onda).


2. Collioure
“…estos días azules y este sol de la infancia”
A.M.

Aquí, a la edad
que es anuncio de ceniza en los párpados
volviste a ver
virgen la luz ―espumas,
velas felices del Mediterráneo―
que ya se iba:
aquí, tu luz, primera y última,
como en tu sueño de Sevilla
un día.


*


ARTE POÉTICA


1. Celda

Monstruos y mariposas
de la lámpara:
sombras por el cuarto encalado.
He ahí la poesía
de tu hado.
(Su realidad, tu inexistencia.)

Manchas anónimas, sobre el papel desierto;
sobre la noche en blanco.


2. Noche

Digo tu cuerpo con las manos
―como en voz baja,
como el que sueña en su noche carnal
una luna tangible:
y se alza, poesía del tacto,
al espacio de los ojos cerrados,
desde la informe oscuridad,
―égloga, himno, epitalamio―
su clara efigie.


3. Imagen

Eres como la poesía
que nunca escribiré. Indecible,
te vestí, sin embargo, de palabras iguales a la noche,
puse en tu mano el anillo de un adiós.

Pero es desnuda como me acompañas.


*


AZIMUT


De mí a ti, el arco
de casi toda una existencia.
Horas en sombra,
horas en claro.
(Días, noches escritas:
pulso y letra.)
Ahora tu nombre se parece
al de mi muerte. Cuerpo
celeste, contemplado
desde un cuerpo de tierra.



[De: Alejandro Nicotra, Cuaderno abierto,
Ediciones del Copista, Col. "Fénix", Córdoba, 2000]